Tomás Jofré es el lugar ideal para los amantes de la comida: se convirtió en uno de los referentes gastronómicos del turismo rural, con restaurantes que ofrecen menú muy variados, pero cuya especialidad son las pastas caseras, las carnes, las picadas y los postres. Se recomienda llegar temprano para poder almorzar a horario y no tener que esperar. Algunos restaurantes de referencia son Silvano, Más que campo y Santa Victoria de Jofré.
Curiosamente este pueblo se llama Jorge Born, pero se lo conoce popularmente como Tomás Jofré por la estación de tren. Es un polo gastronómico Además, brindan la posibilidad de combinar este sistema de menú libre con los atractivos del pueblo como, por ejemplo, la feria artesanal, los paseos a caballo, la estación histórica de Tomás Jofré, el tren turístico y la iglesia del pueblo. Es decir, entre comida y comida, el visitante puede ir a pasear y descubrir la historia de este lugar.
Los restaurantes tienen un menú promedio que ronda entre los $16.000 y $20.000 por persona (dependiendo el día puede haber descuento). Lo recomendable es reservar mediante las redes sociales, ya que los fines de semana se llena de gente, en especial, los domingos.
El restaurante Fronteras está abierto desde 1948 y comenzó como un almacén de ramos generales de su fundador Rolando Fronteras. Era una parada obligada para las personas que viajaban en el tren o los que cargaban materias primas, ya que se encontraba en frente de la estación y contaba con todo tipo de productos: desde insumo para el campo o ferretería hasta comestibles y vestimenta. Con los años se le sumaron rubros como el bar y el comedor, hasta que su fundador falleció.
Ahora, sus dueños son Gustavo Umansky y Gustavo Arone, quienes le hicieron modificaciones para recibir cientos de personas semana a semana, pero conservando las gemas del viejo almacén. Para los coleccionistas o amantes de antigüedades, hay una vasta cantidad de objetos en el museo ubicado en la entrada y, en los salones de “antaño”, se utilizan las mismas mesas y sillas de roble que usaba su fundador.
“Se van a encontrar con unas de las construcciones más antiguas del pueblo y con una historia que, cualquiera que haya pasado por este lugar, alguna vez se detuvo. Se hizo una puesta en valor y se adaptó para que puedan tener una estadía de disfrute, buen servicio y buena calidad de comida”, explicó Gustavo Umansky al diario La Nación.
El lugar, que puede albergar entre 700 y 800 personas, cuenta con un amplio parque para disfrutar en familia y un tenedor libre que ofrece un gran abanico de posibilidades. De entrada una tabla de fiambres y queso, escabeche y una empanada. Y de plato principal se puede elegir entre pastas con sus respectivas salsas y carne a la parrilla acompañada con ensaladas y papas fritas. Además, cuenta con distintos tipos de postres y café. “Alrededor de las 16.30 sacamos unas tortas fritas con unas infusiones de té o mate cocido para el que quiera quedarse a merendar”, añadió uno de los dueños.
Cabe destacar que no es la única opción. Si se quiere disfrutar de un día de campo, otras de las alternativas que ofrece este pueblo es Antenor, uno de los lugares mejor puntuados en TripAdvisor, ubicado a una cuadra de la plaza principal donde se realiza la feria de artesanos y que cuenta con capacidad para 600 comensales.
Hace siete años abrieron sus puertas al público. “Lo que ofrecemos es un día distinto, lo que más llama la atención es el asado criollo por el parrillón que armamos”, señaló su dueño, Gustavo Solezi a este medio. “La idea es que coman en un entorno muy lindo, limpio, lleno de plantas. Cuidamos los detalles ante tanta cantidad de gente”, agregó.







